Llegar cansado a la cama por la noche es una bendición. Y no sólo porque te duermes enseguida, sino por lo que eso significa: que te has fatigado, que has entregado la vida.
Pero no basta.
¿Por qué te has cansado, por qué has trabajado? ¿Qué te ha movido a desgastarte? Si te has fatigado sólo para ganar dinero, o para sacar adelante tus planes, deberías preguntarte si realmente ha valido la pena.
Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre.
Si el Señor te invita a trabajar por el alimento que perdura para la vida eterna es porque la santa Misa es lo más grande de tu vida, y debe convertirse en el centro de la jornada. Trabajas por el alimento que perdura cuando depositas en la patena de la Eucaristía toda tu actividad del día, la unes al sacrificio del Calvario y la presentas a Dios. Y cuando todos los gozos del día los conviertes en acción de gracias por haber comulgado. Así tu vida entera se convierte en prolongación de la Eucaristía, y tu muerte no será sino su consumación.
(TP03L)











