La muerte por ingesta de conservantes
Maldita curiosidad. Se me ocurrió entrar en una de esas páginas que te informan sobre lo saludables que son los alimentos que compras en el hipermercado. Fui introduciendo los productos de mi lista de la compra, y me tuve ya por cadáver. Lo que no provoca cáncer provoca diabetes; lo que no provoca diabetes dispara el colesterol; y lo que no dispara el colesterol te sube el azúcar o el ácido úrico. No se salvó ni la baguette. Estoy condenado a muerte por ingesta de conservantes. ¡Ay de mí!
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. ¡Menos mal! Porque yo creía que la comida de este mundo, aunque no te salvara de la muerte, al menos la aplazaba y te permitía esperarla con buen sabor de boca. Pero ahora veo que mi lista de la compra no aplaza la muerte, sino que la provoca. Ni verdadera comida, ni verdadera bebida; es veneno ultraprocesado.
La comunión es buena para la salud. La del alma, claro. Pero, teniendo vida eterna en el alma, el colesterol es menos tóxico que un pecado venial.
Y, como hoy he comulgado, me abriré una lata de anchoas. Que me dejen en paz.
(TP03V)











