Aún no podían entenderlo. Lo entendieron, lo entendimos después. Aunque muchos siguen sin enterarse.
Se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se alborotaron. La muerte ruge y la vida duerme. ¿Quién podrá salvarse? Vamos a morir todos. Lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!».
Fue porque no entendían. No entendían que Jesús habla cuando duerme, grita cuando calla. Vale más mirar y atender a Jesús dormido que alterarse por las tormentas. Sé que es fácil decirlo y difícil mantener la calma. Hace falta mucha vida espiritual. También es un don. He estado debajo de las bombas y he experimentado una paz muy serena en el alma mientras las manos temblaban. Jesús dormía. Pero hablaba en silencio. ¡Qué palabra tan poderosa!
¿Qué dice ese Jesús dormido? Dice: «Tranquilos. Tenéis miedo de la muerte. Y del sufrimiento. Pero, si estáis a mi lado, la muerte os lleva al cielo y el sufrimiento a mi Cruz. No temáis».
Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Míralo en pie sobre la Cruz, calmando la verdadera tormenta: la del infierno. Y sin despertar.
Ten miedo sólo del pecado.
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