Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

27 junio, 2026 – Espiritualidad digital

Un ataque de celos

Leyendo las palabras del Evangelio, cualquiera diría que el Señor ha tenido un ataque de celos:

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí.

No te extrañe. Cristo es muy celoso. No quiere compartir con nadie el corazón del hombre, lo quiere todo.

Pero nada tienen que ver los celos de Cristo con los del hombre. El hombre es celoso porque quiere controlar y poseer al ser amado; sus celos son egoístas. Dios, sin embargo, es celoso porque quiere liberar y amar al hombre.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. Cuando «encuentras» tu vida sin Él, la pierdes, y acabas preso en mil esclavitudes para después morir encadenado a las criaturas. Sin embargo, cuando vives para Dios tienes vida eterna.

Déjate poseer dulcemente por los celos de Cristo. No quieras amarlo «hasta cierto punto». Ámalo desesperadamente, apasionadamente. Ámalo cuando reces, cuando trabajes, cuando descanses, cuando comas o bebas, cuando llores, cuando rías… Sea Jesús el Amor de tu vida.

(TOA13)

Más grande que todos los milagros

Hoy nos narra el Evangelio dos curaciones milagrosas. Nada tiene de extraño, si tenemos en cuenta que Jesús es Dios hecho hombre. Yo he visto unas cuantas curaciones milagrosas; casi he visto resucitar a un muerto, pero me llevaría tiempo contártelo. En todo caso, todas las curaciones milagrosas que he visto han sido obra del sacramento de la santa unción. Mucha gente desconoce el poder de ese sacramento a la hora de sanar enfermedades corporales.

Pero, con todo, las curaciones milagrosas no son lo habitual. Cristo no curó a todos los enfermos, ni a la mayoría. Lo normal, si pides que un enfermo terminal se cure, es que muera y, si está confesado, vaya al cielo, donde se está mucho mejor que aquí. Pídele a Dios, sobre todo, que los enfermos se confiesen y reciban la unción.

Pero hay algo más grande que todas las curaciones milagrosas juntas:

Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.

Eso es lo más grande: que, cuando llega la enfermedad, encuentras en ella a Cristo esperándote, con sus manos llagadas y amorosas tendidas hacia ti. Y la enfermedad se convierte en Amor, y la muerte en Vida.

Eso es mejor que ningún milagro.

(TOP12S)

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