Los «casi santitos»
Ojalá me sepa explicar bien hoy, porque voy a tratar un asunto delicado y, si me explico mal, me acusarán de lo que acusaban a san Pablo (leedlo en la carta a los Romanos). Venga, al agua.
Creo que el Maligno está interesado en que determinadas personas, como el fariseo Simón, no cometan pecado mortal. Eso lo aprendió con el rey David. Simón el fariseo, con toda seguridad, no mataba ni robaba ni fornicaba. Como los bancos de mi iglesia. Si hubiese matado, robado o fornicado, quizá del susto se habría convertido igual que David. A esas personas el Demonio prefiere tenerlos atados, no con cadenas de hierro forjado, sino con hilos de seda apenas visibles: una soberbia disfrazada de piedad, una vanidad disfrazada de gratitud… Y así, desde su peana de «casi santitos», se permiten juzgar a esos pecadores que hacen groserías. Como a la mujer que ungía los pies de Jesús.
Sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco.
¿Quiere esto decir que más le hubiera valido a Simón matar a alguien? ¡Ni de broma! Quiere decir que, sin humildad, nadie podrá salvarse por «poquito» que peque.
(TOP24J)











