Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Jueves de la 24ª semana del Tiempo Ordinario (Ciclo par) – Espiritualidad digital

No serás perdonado si no te postras

La mujer pecadora se postra a los pies del Señor, y con sus lágrimas le enjuga los pies. Simón, el fariseo, se escandaliza, y Jesús justifica a la mujer: se porta así porque se le ha perdonado mucho. Pero le echa en cara a Simón sus faltas de cortesía: ni lo había besado, ni lo había ungido. Trayendo el ejemplo a nuestros días, es como si yo invito a cenar a alguien y no le doy ni las buenas noches.

Sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco. Si a Simón, según las palabras del Señor, se le perdonó poco… ¿fue porque tuviera menos pecados? ¿Era Simón mejor que aquella meretriz?

No; desde luego. Si se le perdonó poco, fue porque nunca pidió perdón. Y no lo pidió, porque se tenía por justo. Hay pecados, como la lujuria, que son difíciles de disfrazar. El lujurioso se siente sucio, tiene asco de sí mismo. Pero la soberbia es sibilina: se viste de ángel de luz, y puede hacer que el soberbio se tenga a sí mismo por santo mientras va camino del infierno.

Oye… ¿no deberías llorar un poco más?

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