Me hace gracia la gente que dice: «Padre, pensaré en eso cuando tenga un momento de tranquilidad. Ahora estoy lleno de problemas». Pobrecitos. Jamás podrán pensar tranquilamente en «eso». Me hago gracia hasta yo a mí mismo cuando se me ocurre esperar tiempos tranquilos.
Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa. Seamos realistas: en esta vida, cuando no cae la lluvia se desbordan los ríos. Y cuando no se desbordan los ríos soplan los vientos. Y, en bastantes ocasiones, sucede todo a la vez. Si no buscamos lucidez en medio de las luchas, pospondremos todas las decisiones y reflexiones hasta el cielo, cuando ya no nos harán falta. ¿Imaginas que el soldado inmerso en un combate pospusiera la decisión de lanzar un ataque hasta que acabara la guerra?
No se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. En medio de las tormentas, es preciso buscar la Roca (que es Cristo) en lo profundo. En lo profundo del alma. Y en medio del ruido es preciso buscar el silencio en ese santuario interior.
Mira: Pase lo que pase, no dejes la oración. Y tendrás paz en la guerra.
O puedes quedarte esperando… a Godot.
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