Si quieres

leprosoCuando un centurión fue a pedir a Jesús que curase a su criado, los ancianos intercedieron por él diciendo: Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la sinagoga (Lc 7, 4-5). Jesús realizó el milagro, pero no lo hizo por las recomendaciones, sino por la fe de aquel hombre.

Señor, si quieres, puedes limpiarme. ¿Quién recomendará a un leproso? ¿Qué sinagoga habrá podido construir? ¿Qué limosnas habrá podido dar? ¿Qué méritos puede poner ante el Señor para convencerlo de que lo limpie de la lepra? Ninguno. Sólo expone un motivo para el milagro: Si quieres.

Es la oración del pobre. Y me gusta. Porque tú y yo hemos recibido mucho más que aquel leproso. Él fue limpiado de la lepra; tú yo hemos sido limpiados del pecado por la sangre de Cristo y hemos sido hechos hijos de Dios. Y ¿por qué? ¿Porque éramos buenos? ¿Porque dimos limosnas? ¿Porque elevamos muchas oraciones?

Porque Jesús ha querido. Porque te ha querido y me ha querido. Y nos ha querido porque le ha dado la gana.

Es una de las poquísimas certezas que tengo: Cristo me ama. Y, teniendo esa certeza, no necesito más.

(TOP12V)