El recorrido más corto entre dos puntos es la línea recta. Pero no siempre. Si hay agua de por medio, la cosa se complica.
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven».
El recorrido de Simón en línea recta entre esos dos puntos, que son su barca y el Maestro, es una apuesta impresionante. Si este hombre es Dios, caminaré sobre las aguas. Si no es Dios, moriré ahogado.
Lo sorprendente es que, al inicio, no duda, sale de la barca convencido de que llegará hasta Jesús. Es el entusiasmo del converso, el ímpetu de los primeros pasos. Algunos creen que todo el camino lo recorrerán así, pero se engañan. Aún tienen que cruzar un desierto para llegar a la Tierra Prometida.
Aunque también desconcierta. Cuando Pedro lleva ya unos metros caminados sobre el agua, se supone que debería haber adquirido seguridad. Pero no es así, es entonces cuando duda y cae. Igual le sucedió en el desierto a Israel. Habían visto caer maná del cielo, y aún dudaban. Y a nosotros. Hemos visto milagros, y temblamos. Que nos recuerde el Señor lo que ya hemos visto, para que confiemos.
(TOP18LA)











