Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

27 agosto, 2026 – Espiritualidad digital

La oración y el sueño

Hay quien se acusa de dormirse en la oración. A mí, el que uno se duerma ante un sagrario me parece muy romántico; no hay mejor descanso. Dios da el pan a sus amigos mientras duermen (cf. Sal 26, 2).

Lo malo no es dormirse en la oración. Lo malo es dormirse después de la oración, cuando toda esa piedad debería destilarse en el servicio a Dios y al prójimo. Llegas ante el sagrario, y muy despierto le dices al Señor que lo amas y lo adoras. Pero, en cuanto sales del templo, te echas a dormir y que otros te cubran con la mantita y te traigan después el desayuno. Que lo tuyo es salvarte rezando, no sirviendo.

Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. ¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así.

Créeme: mucho mejor quedarse dormido en la oración, quizá a causa del cansancio que conlleva entregar la vida, que pasar una hora arrodillado ante la custodia y después echarse a dormir el sueño del perfecto egoísta.

(TOP21J)

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