Los santos y la cerveza

¿Te molesta que te diga que eres un egoísta? Te lo digo con cariño, y no para molestarte, sino para que te salves.

Ah, he dicho la palabra clave: «salvar». Ésa es toda tu pretensión, salvar los muebles, salvar tu tiempo, salvar tus planes, salvar tu salud, salvar tu tranquilidad… Una lucha interminable. Y, cuando creas haberlo salvado todo, te perderás tú. Y tus cosas contigo. Da la vuelta, por favor.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará.

¿No te das cuenta de que no estás disfrutando de la vida? Ni de tu tiempo, ni de tu dinero, ni de tus planes. Tanta lucha por salvarlos, y al final se te marchitan en las manos. Tras el éxtasis del primer trago de cerveza fresca, el resto pierde el gas y se te caldea en la jarra, la bebes como un autómata, ni te enteras. Si te has molestado porque te he llamado egoísta, no me arriesgaré a llamarte, además, tonto.

Mira la sonrisa de los santos. ¡Qué disfrutones! Se enamoraron, lo entregaron todo, y vivieron llenos de alegría. Disfrutaron del Amor… y disfrutaron, mucho más que tú, de la cerveza.

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