Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

19 septiembre, 2026 – Espiritualidad digital

Dentro de la parábola (final alternativo)

He intentado introducirme en la parábola, como el niño que se cuela entre las hojas del cuento. Y he sido uno de esos jornaleros contratados al amanecer.

Al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Des­pués de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Soy cristiano desde la niñez. Apenas recuerdo un solo domingo en que no haya asistido a Misa.

He estado trabajando en esa viña. No he trabajado bien. Muchas veces, a causa del calor, he abandonado mi puesto y he buscado un árbol para refugiarme a su sombra. Otras veces he realizado el trabajo de mala manera, como queriendo acabar. También me he distraído con quienes trabajaban a mi lado, perdiendo el tiempo y haciéndoselo perder a ellos.

Pero, cada vez que levantaba la mirada y veía al Capataz, al Viñador que nos observaba desde la Cruz, me decía a mí mismo: «¡Qué orgullo trabajar para Él!», y me aplicaba a mi labor con redoblado empeño.

Por eso, cuando, al final del día, el Dueño me dio el salario y me dijo: Toma lo tuyo y vete, le respondí: «No me voy. Renuncio al denario si me permites quedarme contigo».

(TOA25)

La semilla y los talentos

Existe un parecido y una diferencia entre la parábola de la semilla y la de los talentos. En ambas parábolas se nos invita a dar fruto, a multiplicar lo recibido. Pero en el caso de los talentos, guardar el talento en tierra es indolencia; en la de la semilla, guardarla es el secreto para que dé fruto.

Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia.

Y es que el talento se nos da para que trabajemos. La fe de nada sirve sin obras, es necesario mostrarla en la vida, proclamarla de palabra y llevarla hasta las últimas consecuencias, incluso hasta el martirio. Nadie se salvará por haber mantenido la fe, como quien cubre con las manos la vela de su bautismo, sino por haberla convertido en lámpara que alumbre a quienes viven en tinieblas.

La semilla es la Palabra de Dios. La semilla, sin embargo, es preciso guardarla en el silencio de la oración desde por la mañana y, como la Virgen, meditarla en el corazón durante todo el día. Sólo así da fruto. Y ese fruto es el talento que pondremos a producir.

(TOP24S)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad