Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

26 septiembre, 2026 – Espiritualidad digital

Síes que son noes y noes que son síes

Así escribe san Pablo: El Hijo de Dios, Jesucristo, no fue sí y no, sino que en él sólo hubo sí (2Cor 1, 19).

Lo mismo podría decirse de la santísima Virgen. En ella sólo hubo sí. Un sí definitivo y llevado hasta el final.

Pero en nosotros… Somos una permanente mezcla de sí y no, de noes que parecen síes y síes que parecen noes, noes que se convierten en síes y síes que se vuelven noes. Menudo trabalenguas.

Llama el padre al primer hijo: Él le contestó: «No quiero». Pero después se arrepintió y fue. Llama al segundo: Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. Son modelos tremendamente humanos. El segundo es de ésos que siempre quieren agradar, pero realmente no quieren sacrificarse por nadie; pura fachada. El primero es de aquéllos que siempre están a la defensiva. Les pidas lo que les pidas, su primera respuesta es invariablemente  «no». Pero después recapacitan, bajan las defensas y, siempre que puedas sufrir ese primer «no», sabes que cuentas con ellos.

En cuanto a nosotros, hemos dicho algunos síes que nos comprometen. Llevémoslos hasta el final. También hemos dicho algunos noes a Dios; quizá estamos a tiempo de rectificar.

(TOA26)

Preguntas, asuntos y misterios

Supongo que serán cosas de la traducción, pero me hace gracia:

Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

«¡El asunto!». ¡Menudo asunto! Nada menos que la muerte de Dios y la redención del hombre. Debería haber una palabra más adecuada para referirse a ello. El asunto son las pintadas que hay en los muros de mi parroquia cuando voy al Ayuntamiento para que me ayuden a eliminarlas. Entonces voy a tratar allí «el asunto» de las pintadas. ¡Pero la Cruz! La Cruz no es un asunto, es un misterio.

A los apóstoles les daba miedo preguntar, no querían asomarse al misterio. Tú no tengas miedo, asómate, abre bien los ojos y el corazón y contempla. Pero no preguntes sobre la Cruz. No por miedo, como los apóstoles, sino porque uno no pregunta sobre un misterio; uno pregunta sobre un problema o un «asunto». Los misterios se contemplan en estado de sobrecogimiento.

No preguntes sobre el misterio, pero pregúntale al misterio. Pregunta sobre tu vida, sobre tu sufrimiento, sobre tu soledad, sobre tus tinieblas, sobre tus dudas… Arrodíllate, calla y escucha en lo profundo del corazón. Poco a poco, irás encontrando en la Cruz la respuesta a todas las preguntas.

(TOP25S)

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