Preguntas, asuntos y misterios
Supongo que serán cosas de la traducción, pero me hace gracia:
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.
«¡El asunto!». ¡Menudo asunto! Nada menos que la muerte de Dios y la redención del hombre. Debería haber una palabra más adecuada para referirse a ello. El asunto son las pintadas que hay en los muros de mi parroquia cuando voy al Ayuntamiento para me ayuden a eliminarlas. Entonces voy a tratar allí «el asunto» de las pintadas. ¡Pero la Cruz! La Cruz no es un asunto, es un misterio.
A los apóstoles les daba miedo preguntar, no querían asomarse al misterio. Tú no tengas miedo, asómate, abre bien los ojos y el corazón y contempla. Pero no preguntes sobre la Cruz. No por miedo, como los apóstoles, sino porque uno no pregunta sobre un misterio; uno pregunta sobre un problema o sobre un «asunto». Los misterios se contemplan en estado de sobrecogimiento.
No preguntes sobre el misterio, pero pregúntale al misterio. Pregunta sobre tu vida, sobre tu sufrimiento, sobre tu soledad, sobre tus tinieblas, sobre tus dudas… Arrodíllate, calla y escucha en lo profundo del corazón. Poco a poco, irás encontrando en la Cruz la respuesta a todas las preguntas.
(TOP25S)











