Los que me diste

Moriría feliz, cuando llegase mi hora, si pudiera hacer mías las palabras de Cristo:

He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo.

No podré decir, a buen seguro, que todos han creído. Y tampoco depende de mí. Pero quisiera decir que he manifestado el nombre de Cristo a quienes Él me dio. Sé quiénes son: mis feligreses, mis amigos, mi familia… ¡Vosotros!

Pero, aunque me siento aludido, no hablo sólo de mí. Tú tienes también a los tuyos. ¿Sabes quiénes son los que el Señor te ha dado? Tu familia, desde luego. Pero no sólo ellos. Tienes amigos, vecinos, compañeros de trabajo, personas que comparten contigo el gimnasio, la piscina, el supermercado, la escuela… No estás junto a ellos por casualidad.

¿Rezas por ellos? Porque, si no lo haces, de poco servirá que les hables. Reza cada mañana por todos aquellos con quienes compartirás el día. Y, después, busca el momento y la ocasión para hablarles de Cristo. Algunos te harán caso, otros se reirán, eso no depende de ti. Pero procura que puedas decir, antes de abandonar este mundo:

He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo.

(TP07M)