El mayor consuelo del pecador

Simón

El diálogo entre Jesús resucitado y Simón Pedro a orillas del Lago de Genesaret, además de tierno, es muy sorprendente y muy consolador. Y consuela por aquello mismo por lo que sorprende.

Le dice a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis corderos».

Que Simón responda a Jesús: Sí, Señor, tú sabes que te quiero, no tiene nada de sorprendente. Era de esperar. A pesar de su triple pecado, Simón quería mucho a Jesús. Lo sorprendente es que Jesús le diga: Apacienta mis corderos.

Eso no era de esperar. Lo normal hubiera sido algo como esto: «Sé que me quieres, Simón, eso nunca lo he dudado. Pero ya no podrás apacentar mis corderos. Comprenderás que, después del ejemplo que les has dado jurando ante todos que no me conocías, ya no tienes credibilidad».

¡Pero no! Jesús le dice: Apacienta mis corderos. Y eso significa: «Por muchos que sean tus pecados y tus torpezas, Simón, yo te sigo eligiendo y quiero servirme de ti. Sólo te pido que me ames».

He ahí el mayor consuelo para los pecadores que amamos a Cristo.

(TP07V)