La Resurrección del Señor

27 abril, 2024 – Espiritualidad digital

Sarmiento de Cristo

En el capítulo 12 de la primera carta a los Corintios, san Pablo emplea, para referirse a la unidad entre Cristo y la Iglesia, el símil del cuerpo y sus miembros. Pero esta imagen está inspirada en la alegoría de la vid y los sarmientos, pronunciada por el propio Jesús: Yo soy la vid, vosotros los sarmientos.

Una misma vida corre por la cabeza y el cuerpo, y una misma savia corre por la vid y los sarmientos. Cabeza y cuerpo son uno; vid y sarmientos son uno; Cristo y el cristiano en gracia son uno.

Esa gracia la recibiste en el Bautismo, la puedes perder por el pecado, y la recuperas por la Penitencia. Quien ora habitualmente en gracia de Dios puede decir, con el Apóstol: Es Cristo quien vive en mí (Gál 2, 20). Poco a poco, si se evita el pecado mortal, la vida de Cristo se va apoderando del cristiano, y los sentimientos de Cristo van poblando su corazón.

¿Ama Cristo a esta persona? La amo yo. ¿Perdona Cristo a este pecador? Lo perdono yo. ¿Le alegra a Cristo esta noticia? Me alegra a mí. ¿Llora Cristo ante esta desgracia? Lloro yo. Soy sarmiento de Cristo.

(TPB05)

Conocer al Padre es decir «Abbá»

No es difícil entender a Felipe. Tres años ha pasado Jesús hablando de su Padre y, ahora que se está despidiendo de los suyos, se comprende bien la petición del apóstol:

Señor, muéstranos al Padre y nos basta.

«No has parado de hablar de Él, ¿y te irás sin mostrarnos su rostro?». Quizá cualquiera de nosotros hubiéramos pedido lo mismo. Sin embargo… ¿qué esperaba Felipe, que Jesús chascase los dedos y, de repente, apareciera entre ellos un anciano barbiblanco?

Es que no es eso. Conocer al Padre es decir «Abbá», y decirlo desde Cristo, como gime un niño, para descansar en Él.

Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad (Jn 4, 24). A la Primera Persona la adoramos en la Tercera (el Espíritu) y por Segunda (puesto que Cristo es la Verdad).

Te lo explicaré de otra manera: El Espíritu, por la gracia infundida en tu alma a través del Bautismo y la Penitencia, te hace uno con Cristo, que es la Verdad. Y es ese Espíritu quien clama dentro de ti: «¡Abbá! ¡Padre!»

¿Quieres conocer al Padre? Déjate invadir por Cristo, déjate consagrar por su Espíritu, y reza en gracia el Padrenuestro.

(TP04S)

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