Todo lo hizo bien
Si los fariseos, con su pregunta-trampa, querían saber si Jesús recomendaba pagar impuestos al Imperio, habrá que decir que la treta les funcionó. Pero si fue Jesús quien se dejó enredar, eso quiere decir que esa red no le asustaba en absoluto.
Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Después de estas palabras, los santos Pedro y Pablo, en sus cartas, pidieron a los cristianos que pagasen sus impuestos. Y el propio Jesús los pagó.
No sólo los pagó. En su Pasión, entregó su obediencia a Pilato, el procurador del Imperio, reconociendo que su poder le venía de lo alto. Y se dejó entregar a la muerte por él, aun sabiendo que esa decisión era injusta.
Lo sorprendente es que esa obediencia ha redimido al género humano y nos ha obtenido el perdón de todos los pecados, incluidos los de Pilato y los fariseos.
Salvo que una ley te obligue a pecar, cumple las leyes por amor a Dios. Sé un buen ciudadano, y redimirás la ciudad. Sé un buen estudiante, y redimirás la academia. Sé un buen enfermo, y redimirás el hospital. Sé un buen preso, y redimirás la cárcel.
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