La gran evasión
Me he acordado del punto 132 de «Camino»: «No tengas la cobardía de ser “valiente”: ¡huye!».
Huir no siempre es de cobardes. Lo es cuando es preciso entablar combate. Pero, por ejemplo, quien está cautivo debe procurar huir. Y también el soldado a quien quieren hacer prisionero.
Los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos lo siguieron. Él los curó a todos.
¿Acaso no trata de eso el cristianismo? Precisamente, de escapar con Jesús de la muerte y ser sanado al contemplarlo. Mira cómo, en un incendio, la gente abandona su casa y sale con lo puesto buscando la ruta de huida. Eso hacemos nosotros: dejamos todo atrás menos a Cristo y, siguiéndolo, nos adentramos en el desierto como hicieron los hebreos siguiendo a Moisés.
Después, en esa huida, lo seguimos hasta el Calvario y, allí, Él rompe la trampa de la muerte abriendo en ella una grieta en forma de Cruz. Y por esa grieta, tras Él, escapamos hacia el cielo.
¿Quién quiere perder tiempo dándose de mamporros con los demonios? Nosotros no. Nosotros escapamos. La vida y la Pasión de Cristo son la gran evasión, nuestro Éxodo.
(TOP15S)











