Da luz a mis ojos…
Lo malo no es dormirse; lo malo es dormirse y creer estar despierto, confundir los sueños con la realidad y echarse en manos de los fantasmas de la noche.
Dice el salmo: Da luz a mis ojos para que no me duerma en la muerte, para que no diga mi enemigo: «Le he podido», ni se alegre mi adversario de mi fracaso (Sal 12, 4-5).
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. Desde nuestro campo de batalla, siempre nos parece que el Esposo tarda. Es cierto, el problema es nuestro; tenemos demasiada prisa. Pero no podemos evitar esa sensación de cansancio unida a la nostalgia. ¿Cuánto tiempo nos tendrás sin verte? ¿No te la estás jugando muy fuerte con nosotros? ¿Cuánto podremos aguantar sin dormirnos, abrazados a la lámpara de la fe, mientras tu rostro permanece oculto?
He ahí el riesgo. Al Señor no lo vemos, pero vemos el televisor, vemos a la persona que nos carga, vemos nuestros problemas, y vemos todos los fantasmas de la noche: la angustia, el miedo, las tinieblas…
Hoy quiero ir más allá de la parábola. En ella, las diez vírgenes se durmieron. Yo no quisiera dormirme en la muerte.
(TOP21V)











