Lo que hacemos mirando al cielo

No sé si hago bien encarándome con un ángel. Pero me atreveré.

Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? (Hch 1, 11).

Tendría yo unos diez años cuando cayó en mis manos un cómic mudo, sin palabras, de una sola página. Un hombre se plantaba en la acera mirando al cielo. Y, viñeta tras viñeta, cada persona que pasaba, movida por la curiosidad, levantaba también su cabeza para saber qué estaba mirando aquel hombre. En la penúltima viñeta era una multitud la que miraba hacia arriba. La última viñeta me la reservo para no hacer spoiler.

Eso hacían mirando al cielo. Eso hacemos mirando al cielo. Provocar a los hombres, para que ellos miren también. El santo, como vive mirando al cielo, hace a los hombres levantar la vista. Algunos encuentran lo que no quieren, y se vuelven contra el santo hasta matarlo. Pero otros, muchos otros, descubren el cielo abierto y ya no pueden retirar la mirada de lo alto.

Por eso, aunque nuestros pies estén bien asentados en la tierra, nuestros ojos no se apartan del cielo. Y es que lo que vemos allí nos enamora. Se llama, querido ángel, «esperanza». Y se llama, también, «vida espiritual».

(ASCA)