El Espía
Mañana comienza el decenario con el que nos preparamos para la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. No dejéis de rezarlo, que con esa oración dilataréis el alma para que se llene con el Aire venido del cielo.
El Espíritu Santo es un espía divino. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye, lo que en secreto se dicen el Padre y el Hijo, las palabras íntimas de Amor entre ellos. Nos desvelará incluso los sentimientos más profundos de Cristo, porque Él –dice el Señor– recibirá de lo mío y os lo anunciará. Es un indiscreto, irrumpe suavemente en la intimidad del Hijo y nos la comunica con la misma suavidad.
Por si eso fuera poco, el Espíritu Santo os comunicará lo que está por venir. En el colmo de la indiscreción, y llevando a alturas divinas el arte del espionaje, nos desvelará el plan misterioso de la Trinidad para salvarnos, y nos hará gustar, por adelantado, las delicias celestiales.
Por eso, Dios no tiene secretos para quien cultiva la amistad con el Espíritu Santo. San Pablo, que sabía mucho de esa amistad, llegará a decir: Nosotros tenemos la mente de Cristo (1Co 2, 16).
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