La parábola de la red echada en el mar es una versión acuática de la parábola del trigo y la cizaña. Igual que en aquel campo convivían trigo y cizaña, conviven en la red peces buenos y malos. Y, del mismo modo que, al llegar la siega, separan la cizaña del trigo, al llegar a la orilla separan los peces malos de los buenos.
La arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
El cielo está en un granero o en un cesto. Tanto da. Allí no hay mezcla alguna de mal, sólo el bien alrededor del Bueno. ¿No os apetece?
No a todo el mundo. A algunos les gusta tanto quejarse, que no sé si serán felices en el cielo, donde ya no puedan quejarse de nada. Se quejarán de que no se pueden quejar. ¿Serán felices?
Yo estoy dispuesto, con ayuda de Dios, a sufrir con paciencia el mal y a hacer la penitencia que sea necesaria. Pero por mi cumpleaños no me regaléis un cilicio; mejor una tarta de trufa.
A mí si me apetece llegar al cielo, quitarme el mal de encima, y estar frente al Bueno.
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