Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

14 marzo, 2026 – Espiritualidad digital

Ver es…

Si el milagro es una transgresión de las leyes de la Naturaleza provocada por Dios, aquel ciego fue beneficiado por un milagro cuando, siguiendo las indicaciones de Jesús, se lavó en la fuente de Siloé y sus ojos comenzaron a ver.

Pero si el milagro es signo de una gracia que escapa a la Naturaleza, habrá que situar el verdadero momento en que aquel hombre comenzó a ver más adelante.

«¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor».

Fue entonces cuando aquel hombre vio, iluminado por la fe, al Hijo de Dios.

Lo que ven nuestros ojos es nada. Hoy es, mañana no es. Todo cuanto vemos desaparecerá como el humo.

Ver es contemplar el cielo abierto en cada misa; mirar cómo la muerte se abre hacia lo eterno; distinguir cada momento de la vida como parte del camino al cielo; captar la presencia de Jesús a nuestro lado; sabernos cubiertos por la palma de Dios.

Quien no vea esto, aunque acierte con todas las letras en la plantilla del oculista, está ciego.

(TCA04)

Cuando vayas al médico…

Supón que vas al médico y, cuando te recibe, dices: «Doctor, estoy hecho un toro. Hago deporte cada día, tengo el colesterol a raya, no fumo ni bebo, y ni siquiera necesito levantarme por la noche para ir al baño». Te crees que el médico va a emocionarse, a llamar a los enfermeros y pedir un aplauso para ti. Pero el médico te mira con cara de aburrimiento y te dice: «Entonces, ¿para qué viene usted? Vuelva al gimnasio». En resumen: eres idiota.

¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. El fariseo.

Detrás de ti entra otro paciente que se retuerce de dolor y tirita a causa de la fiebre alta. Y el médico se vuelca con él, pide que lo lleven al quirófano para una operación urgente, y le salva la vida.

¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador. El publicano.

Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Éste quedó curado y aquél no.

No hay nada más estúpido, créeme, que querer quedar bien con el confesor.

(TC03S)

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