Lirbos de José-Fernando rey ballesteros

Martes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario (Ciclo impar) – Espiritualidad digital

Sal y luz, pero de Dios

Sal de la tierra y luz del mundo quisieran ser muchos, aunque cada uno a su manera.

Hay quien quisiera ser siempre el más «salado», el simpático del grupo, el chistoso de la fiesta, la sal de todos los platos. Y los hay, también, empeñados en brillar a toda costa, en lucir y lucirse, en deslumbrar a cuantos se acerquen. A todos ellos los une el que necesitan, para vivir, del aplauso y la aprobación de los demás. Sin la mirada ajena, pobrecitos, dejarían de existir.

Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo. Pero nuestro público es Dios. En la tierra, somos sal y luz porque somos Cristo, aunque nos desprecien y persigan como a Él.

La sal no sólo da sabor; también escuece cuando se vierte en una herida. Y son muchas las heridas de este mundo. Por eso le regalamos al mundo la verdad, aunque le escueza.

La luz no sólo ilumina; también pone al descubierto la suciedad. Y hay mucha suciedad en este mundo. Por eso llamamos «pecado» a lo que es pecado.

No estamos en el mundo para cosechar aplausos. Estamos en el mundo para ser Cristo. Sal y luz.

(TOI10M)

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