Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Página 3 – Espiritualidad digital

El gran provocador

profetasJuan es la campana. El aldabonazo. El grito. El disparo al aire que paraliza al pianista y acalla a todos en la sala. Tenía que ser así: fuerte, contundente, lapidario, incluso amenazante. ¿Cómo, si no, iba a atraer la atención en medio de semejante griterío?

Es como el truco del profesor. Cuando ve que los alumnos están distraídos y sus palabras se pierden en el aire, dice «sexo», y todas las cabezas se levantan y lo miran. «Ahora que he captado vuestra atención, continuemos la clase».

Pero, en el caso de Juan y de Israel, hacía falta algo más fuerte. Y más verdadero. Llamó a los judíos «camada de víboras». Los amenazó con ser talados como el árbol derribado por el hacha. Despreció su título sagrado de «hijos de Abrahán». Acusó públicamente de adulterio al rey de Israel.

Un hombre así, en un mundo así, tenía que acabar muerto. Murió decapitado. Fue el precio por atraer la atención de los hombres hacia el Mesías.

Nosotros procuramos no molestar, no decir nada que provoque, no herir la sensibilidad de un mundo que se precipita en la muerte. Pero no acallaremos el griterío con sonrisas falsas y poemas vacíos. Necesitamos provocadores. Mártires.

(2406)

De burras, gatos y hombres

En el capítulo 22 del libro de los Números, Dios hace hablar a una burra para advertir a Balaam, su dueño, de que se está equivocando (y para quejarse por los palos que le daba, jajaja). Es todo un revulsivo para que los clérigos no nos envanezcamos de nuestra predicación. Si Dios quisiera, haría pronunciar a una burra o a un gato homilías mil veces mejores que las nuestras. Y las nuestras serían mil veces mejores si fuésemos tan dóciles a Dios como una burra o un gato.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido. Porque, al fin y al cabo, es Cristo quien elige. A los burros, a los gatos y a los hombres. Pero, en los hombres, que tenemos más inteligencia que los animales, la docilidad requiere un acto de voluntad por nuestra parte.

San Matías fue elegido por Dios a través de unos dados, tan dóciles a Dios como las burras y los gatos. Pero si el apóstol decide no dar testimonio, ni el mismo Dios puede hacerle hablar.

A ti te ha elegido Dios también. ¿Estás poniendo de tu parte? Porque no eres burra ni gato, eres hombre libre.

(1405)

Los que piden cielo

Durante su vida mortal, a Jesús le pidieron muchas cosas. Pero no todas eran igual de importantes. Ni tampoco concedió el Señor todo lo que le pidieron. A quienes le pedían un signo del cielo se lo negó. Y tampoco complació a quien le pedía que intercediera para que su hermano partiera la herencia con él. Le pidieron que curase a muchos enfermos y los curó. Pero las grandes peticiones, las que verdaderamente importaban, fueron pocas. El buen ladrón, que ya tenía todo perdido en esta vida, pidió algo realmente grande: el Paraíso.

Señor, muéstranos al Padre y nos basta. ¡Y nos basta! Es decir: «Si nos muestras al Padre, no queremos nada más». No es lo mismo pedir alivio para un dolor de espalda que decir: Muéstranos al Padre y nos basta. Está claro que los tres años de convivencia estrecha con Jesús purificaron mucho los deseos de Felipe.

Un joven que comienza a rezar pide ayuda para aprobar un examen. Pero si se adentra por caminos de oración, a lo largo de los años sus deseos se van mudando de la tierra al cielo. Y entonces pide gracia, pide gloria, y pide almas.

¿Qué pides tú? ¿Qué deseas?

(0305)

¡Despierta, Vicente!

almas sencillasYa os he hablado en otra ocasión del apellido de los santos, de esa «santa coma» que ponemos tras su nombre y precede al «apellido». San José tiene dos apellidos, dos santas comas. El 19 de marzo lo celebramos como «esposo de la Virgen María». Y hoy, 1 de mayo, la santa coma da paso a otro apellido: «Obrero». Lo que significa que se santificó trabajando. Trabajando en la carpintería y enseñando a trabajar nada menos que a Dios hecho hombre. No es mal apellido ése.

Quisiera yo (y pienso que Dios también) más santos con apellidos similares. Tenemos a san Isidro, desde luego, y a mi santo patrón, san Fernando, rey. Pero ¿cuánto falta para que aparezca un san Vicente, funcionario; un san Andrés, químico; una santa Antonia, esposa y madre…?

Falta el tiempo que necesita Vicente para cumplir con sus horarios de trabajo en el ministerio y considerarlos tiempos de entrega a Dios. Falta el tiempo que Vicente necesita para darse cuenta de que no sólo se santifica yendo a todas las adoraciones de su parroquia, sino también atendiendo con cariño humano y sobrenatural a los contribuyentes que pasen por su ventanilla. También a los malhumorados.

¡Despierta, Vicente!

(0105)

Cruz gloriosa, Amor, descanso

Me encaré, en el ágape posterior a la Vigilia Pascual, con un feligrés bienintencionado pero poco formado. Hay cosas que no se deben decir: «Feliz Pascua, padre. Cristo ha resucitado. La Cruz ha quedado atrás». ¡Qué disparate! Si la Cruz hubiera quedado atrás, estaríamos en el infierno, porque le habríamos dado la espalda. Hasta en el cielo se yergue, poderosa y amante, la cruz gloriosa, porque hasta el cielo alcanza el sacrificio redentor de Cristo. Quedarán atrás el pecado, el dolor y la muerte, pero no la Cruz, que es el Amor.

Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Sólo un alma enamorada de la Cruz puede entender que ella es yugo dulce y que en ella está el descanso. Ella es el lecho nupcial donde se recuestan en Amor el Esposo y la Esposa. Ella es la intimidad más secreta, el abrazo más estrecho entre Cristo y el alma en medio de la oscuridad luminosa. Ella es el descanso sabático prometido al santo, porque, desde ella, mientras la sangre y el agua riegan la tierra y la fecundan, vio Dios que todo era bueno.

(2904)

La santa coma

La coma, en los santos, es muy importante. Por ejemplo: San Isidro, coma, labrador. O mi santo patrón: San Fernando, coma, rey. Y es que detrás de la coma está la clave de la santidad. San Isidro se santificó arando el campo para Cristo y san Fernando gobernando España para Dios.

La coma, en la solemnidad de san José, es crucial: San José, coma, esposo de la bienaventurada Virgen María. Porque José camina por el Evangelio de la mano de su santísima esposa. Hasta san Mateo, al hablarnos del joven patriarca, respeta la santa coma:

José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Y es que José amó a María con amor de joven enamorado, se turbó ante la noticia de su misteriosa gravidez, protegió, tras conocer en sueños su vocación, la virginidad de su esposa aun a costa de sus propias pasiones, y murió con ella a su lado. ¡Qué santidad más dulce!

De san José aprendemos a amar a la Virgen, pero también aprendemos silencio, vida interior, obediencia, humildad, castidad… y todo ello, sin abrir la boca. ¡Qué maravilla!

¡Bendito san José! Ningún santo acuñó, detrás de su santa coma, un tesoro más hermoso.

(1903)

Lo dice Cristo

Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivoPreguntando a mucha gente no se obtiene la verdad; tan sólo se obtiene una radiografía de lo que los hombres piensan, y lo que los hombres piensan, muchas veces, está lejos de la verdad. Es más fácil encontrar la verdad preguntando a los sabios; aunque también, en ocasiones, los sabios se equivocan. Pero si uno quiere, realmente, conocer la verdad, debe preguntarle a Dios. Cristo, su Hijo, es la verdad.

¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Jesús se lanzó a las encuestas. Y las respuestas fueron de lo más variopintas: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Hasta que Simón prestó su boca a Dios: – Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo. – Eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre. He ahí la verdad.

También podríamos preguntar quién es Simón. Y unos dirían que es un pescador; otros, que un presuntuoso; otros, que un cobarde. Hasta que habla Dios: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

Por eso amamos al Papa. Porque, frente a lo que digan los hombres, él es Pedro. Lo dice Cristo.

(2202)

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