Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de los santos – Página 4 – Espiritualidad digital

Romance en monosílabos

Los monosílabos se adaptan mejor a la sencillez de Dios que los largos discursos. Por lo general, los largos discursos son largas excusas, mientras los monosílabos son pura claridad.

Llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles. Entre esos doce estaban Simón y Judas. Ese día supieron que habían sido elegidos.

Y entonces viene el monosílabo. Un día te das cuenta de que Cristo te ha elegido. Y tu primer monosílabo va encapsulado en dos signos de interrogación:

¿Yo?

No te lo explicas, no eres ningún superdotado precisamente, eres un pobre hombre pecador y herido. En muchos sentidos, un despojo. Te quedas mirando al Señor tras pronunciar tu monosílabo, y Jesús te responde con otro:

Tú.

Ya no puedes dudarlo. Te lo ha dicho mirándote a los ojos. Así que ahora te la juegas. Puedes optar por el discurso, otros lo hicieron:

Deja que primero me despida de mi familia; déjame antes enterrar a mi padre… Todo eso acaba fatal. Pero sí y no son monosílabos, pura claridad. Elige uno:

Sí.

Pues ya está. ¿Ves qué sencillo? – ¿Yo? – Tú. –Sí.

Prohibido superar el monosílabo, salvo para el diptongo de la Virgen: Fiat.

(2810)

El evangelista de la Virgen

San Lucas era –digámoslo así– el «secretario» de san Pablo. Lo acompañó en sus viajes y, a buen seguro, en su evangelio refleja la predicación del Apóstol de las gentes. También era médico. Pero, sobre todo, san Lucas es el evangelista de la Virgen. Incluso dice una tradición que pintó un retrato suyo.

Gracias a san Lucas conocemos la Anunciación, la Visitación de la Virgen a Isabel, la Presentación de Jesús en el templo, la angustia de María cuando en Jerusalén perdió a su hijo, y la presencia de la madre de Jesús en el Cenáculo con los apóstoles el día de Pentecostés. Sin duda alguna, toda esa preciosa información tuvo que proceder de un trato muy cercano con la Virgen.

¡Cómo no dar gracias, en este día, al querido evangelista! Le debemos cuatro de los cinco misterios gozosos del Rosario. Y muchas, muchas horas de oración maravillosa y fecunda contemplando la vida de la Virgen y la infancia de Jesús.

También vosotros propagad mucho la devoción a la Virgen. Ella es el camino más corto y dulce para acercarse a Cristo. Quien ama a la Virgen permanecerá siempre unido, como ella, a Aquél que dulcemente cautivó su inmaculado corazón.

(1810)

De Jesús

Decidme qué pinta una monja llamada por Dios a la vida de clausura, pobreza, silencio y contemplación recorriendo España, buscando dinero por todas partes, negociando con príncipes y nobles… Son bromas de Dios. Te llama a ser María y te pide que friegues más platos que Marta. Preguntadle, si no, a san Bernardo o a san Gregorio Magno. En ocasiones, Dios te llama a una vida y después te pide que se la entregues. Es la renuncia suprema, la de la propia llamada.

Y es que santa Teresa de Jesús fue verdaderamente de Jesús. «Vuestra soy, para Vos nací. ¿Qué mandáis hacer de mí?» Dios la llamó a la quietud y después le pidió trabajos. «Si queréis que esté holgando, quiero por amor holgar. Si me mandáis trabajar, morir quiero trabajando».

Está visto que Dios no quiere que nos instalemos en esta vida. Por eso tantas veces nos llama a una cosa y nos pide otra. Lo pienso cada vez que me veo durante horas ante el ordenador cuadrando las cuentas parroquiales en los bancos y pagando facturas. «Señor, me llamaste al sacerdocio y me tienes ejerciendo de contable».

Porque ante todo, como Teresa, también nosotros debemos ser «de Jesús».

(1510)

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