Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Cuaresma – Página 6 – Espiritualidad digital

¿Tú quieres?

¡Qué difícil es salir de casa a la primera! Salgo de casa, llego al aparcamiento, y descubro que no llevo encima las llaves del coche. O la cartera. O el teléfono. Y tengo que volver sobre mis pasos para recuperar lo que dejé olvidado.

Jesús, el buen pastor, ha bajado del cielo para recoger su rebaño y llevarlo al cielo. Pero no como yo cuando vuelvo a casa a por las llaves del coche. Él no nos llevará al cielo sin nuestro permiso. Lo dijo magistralmente san Agustín: «Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti».

Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. No es una orden. Te está preguntando: «¿Tú quieres venir en pos de mí? ¿Quieres venir conmigo al cielo?»

Hoy debes responder. Y hacerlo con los ojos abiertos, porque Jesús te está mostrando el camino. ¿Quieres ir al cielo, sabiendo que ese camino pasa por la renuncia y por la Cruz? Porque algunos quieren que Jesús les arregle la vida. Otros querrían ir al cielo sin pasar por la Cruz. ¿Y tú?

Díselo: «Jesús, contigo al fin del mundo».

(TC0J)

¿Te da pereza la Cuaresma?

cuaresmaPuffff… ya vamos a empezar otra vez con los rigores, los ayunos, las penitencias. No me apetece nada.

Ni a mí, ni a nadie. Pero me engaña de nuevo el Enemigo. Él me muestra una cuaresma esforzada, y Cristo me llama a una Cuaresma enamorada.

¡Ojo con la Cuaresma esforzada! Porque da el pego. Consiste en que eres un pecador. ¿Te has enterado? ¡Un pecador! Y, como has cometido tantos pecados, ahora te fastidias y haces penitencias y ayunos hasta que te arrepientas y te purifiques. Esta Cuaresma esforzada da el pego porque todo eso es verdad. Pero no es la verdad.

La Cuaresma enamorada consiste en que Jesús te está llamando. Loco de Amor por ti, tu Pastor ha subido a lo alto de la Cruz para pagar tus culpas. Y, desde allí, te llama por tu nombre. Entonces tú, que andabas descarriado en los caminos de la muerte, te das la vuelta, escuchas sus silbidos, y durante cuarenta días, con la mirada clavada en la Cruz, te vas acercando a Él hasta que, llegada la Semana Santa, eres acogido junto a Él por la Virgen. Tus penitencias no son fruto de un esfuerzo. Son el abrazo del Crucifijo.

(TC0X)

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