Venciendo, y convenciendo

Que si el tributo al César, que si la resurrección de los muertos, y, ahora, que si el mandamiento mayor de todos. Da la impresión de que aquellos hombres estuvieran obligando a Jesús a jugar partidas simultáneas de ajedrez en varios tableros, para ponerlo a prueba. En todo caso, Jesús venció sin casi pestañear.

Respon­­dió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

Tan brillante fue esta jugada, que el adversario no tuvo más remedio que aplaudir.

Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón. ¡Pues claro que tiene razón! ¿No ves que es Dios? Y te está diciendo que lo que más quiere de ti no es que te laves las manos antes de comer, o que no trabajes en sábado. Quiere que disfrutes, que seas feliz, que lo ames y te dejes amar por Él, hasta que tu corazón esté tan lleno de su Amor que puedas repartirlo a manos llenas a tu prójimo.

(TOP09J)