El rostro de Dios
En 2020 (¿recordáis?), las mascarillas cubrían todos los rostros, dejando a salvo solamente los ojos. Pero cuando, en la santa Misa, llegaba el momento de la comunión, los fieles tenían que retirarse la mascarilla para consumir la sagrada forma. Y yo me alegraba muchísimo, era una epifanía, volvía a ver el rostro de mis feligreses.
Moisés pidió a Dios que se quitara la mascarilla, y Dios dijo que nones, que le permitiría ver su espalda, pero no su rostro. Moisés vio la espalda de Dios.
Pero, en Cristo, Dios se quitó la mascarilla y nos mostró su rostro. Su triple rostro:
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
El Padre que me ha creado para que viva, y que está dispuesto a entregar a su Hijo para salvarme.
El Hijo, Dios junto a mí, que se entrega a la muerte por mí.
Y el Espíritu… ¿Dónde está el Espíritu? En la segunda palabra: «Amó». Es el Amor de Dios dentro de mí, el consuelo de mi alma.
Contemplad ese rostro de Dios, alegraos en Él y decidle: «Dios mío, qué grande eres».
(SSTRA)











