El miedo a la verdad

El peor de los males del Occidente de nuestros días no es el ateísmo. Hay una enfermedad peor, que es la culpable tanto del ateísmo como de la corrupción: la falta de interés por la verdad. La verdad ha dejado de importar. Ahora importa el relato, la narrativa que se adapte a nuestros intereses y caprichos, los verdaderos ídolos de nuestro tiempo. En España tuvimos un presidente del Gobierno que le dio la vuelta al Evangelio diciendo: «La libertad os hará verdaderos». Se quedó tan ancho.

«El bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres? Contestadme». Se pusieron a deliberar: «Si decimos que es del cielo, dirá: “¿Y por qué no le habéis creído?” ¿Pero cómo vamos a decir que es de los hombres?» (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta). Y respondieron a Jesús: «No sabemos».

A aquellos escribas no les importaba la verdad. Buscaban una respuesta basada en su conveniencia, y pensando en su conveniencia decidieron no responder. Agnósticos, claro.

Te copio la frase que san Josemaría escribió en el punto 34 de «Camino»: «No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte».

(TOP08S)