Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

21 febrero, 2026 – Espiritualidad digital

Un mapa de la Cuaresma en tres preguntas

El miércoles de ceniza se lo escuchamos a san Pablo: Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación (2Co 6, 2).

Lo es. Llegó la hora de purificarnos. Una cuaresma bien vivida es un nuevo nacimiento. Y lo necesitamos.

Situémonos en la casilla de salida: Soy un pecador. Y Cristo ha salido al desierto para ser tentado por el diablo. Para sufrir las mismas tentaciones en que yo he caído y para que yo, unido a Él, las venza.

Di que estas piedras se conviertan en panes. Es la tentación de la voluptuosidad: gula, lujuria, pereza, consumismo… Ayunaré con Cristo. ¿De qué me voy a privar esta cuaresma?

Tírate abajo, porque está escrito: «Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos». Es la tentación del éxito, la redención sin sacrificio, la vanidad. Caeré por tierra, seré siervo del prójimo. ¿Cómo haré para darme en limosna a los demás?

Todo esto te daré, si te postras y me adoras. Es la tentación de la egolatría, de convertirme en el centro del mundo: soberbia, egoísmo, codicia… Oraré con Cristo para adorar al único Dios. ¿Qué haré esta cuaresma para rezar más?

(TCA01)

Los amigos comen juntos

Ayer considerábamos el sentido de nuestros ayunos. Hablábamos de hambre y de sed, de tristeza y soledad. Pero no te engañes, porque en Cuaresma estamos llamados a un banquete. Al mejor de los banquetes.

Mira lo que hizo Mateo en cuanto conoció a Jesús:

Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa.

Hizo lo que hace cualquiera que tiene un amigo: comer y beber con él. Y a eso estamos llamados en Cuaresma: a comer y beber con Cristo. Por eso, durante este tiempo, la Eucaristía es el mayor de los gozos.

Si no tienes costumbre de hacerlo el resto del año, te invito a que, en Cuaresma, vayas todos los días a Misa. Y vayas, no a cumplir, sino a disfrutar. A ofrecerte con Cristo al Padre en ese sacrificio, y a devorar con alegría el alimento de vida eterna que Él te ofrece. Dios te invita a un banquete en el desierto. No te prives.

Se lo he dicho a mucha gente, y quienes me han hecho caso confirmarán que tengo razón. Procura asistir a Misa quince días seguidos, aunque te cueste un poco. Pasado ese tiempo, ya no podrás vivir sin comulgar a diario.

(TC0S)

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