Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

28 febrero, 2026 – Espiritualidad digital

El festín de la Cuaresma

Es bueno realizar ejercicios espirituales en Cuaresma. Si puedes hacerlo, te aconsejo que no desaproveches la ocasión. Cristo quiere quedarse a solas contigo para hablarte al corazón.

Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos. La Transfiguración fueron unos ejercicios espirituales. De repente, todo dejó de importar salvo Cristo. Aquellos tres olvidaron sus problemas y sus urgencias, cerraron las puertas del mundo y quedaron a solas con Él. El Espíritu, simbolizado en aquella nube, los cubrió y se llenaron de Dios. Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escu­chadlo. Sus corazones se abrieron y escucharon al Señor, lo acogieron en lo más profundo de sí mismos. Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! No querían marcharse.

Y, aunque no tengas posibilidad de dedicar al menos un fin de semana a hacer ejercicios, busca, todos los días, quince o veinte minutos para pasarlos a solas ante un sagrario. Sin esos tiempos de soledad con Cristo, la Cuaresma quedaría reducida a ayuno y limosna, es decir, muerte sin vida, dolor sin gozo. Porque la oración es el festín de la Cuaresma.

(TCA02)

La perfección clavada en el Madero

Continuemos donde ayer lo dejamos. Mantengamos los ojos en la Cruz mientras escuchamos las palabras del Salvador.

Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. Si te quedaban ganas de «echarte a cumplir», espero que estas palabras te las quiten del todo. ¿Cómo vas a lanzarte a ser perfecto como Dios? Recuerda lo que te dije: Primero contempla.

Contempla a la perfección clavada en un madero. Despreciado, precisamente, como imperfecto y blasfemo, varón de dolores y desecho de la Humanidad, Él es la perfección y hermosura de Dios. ¡Qué paradoja! Quisieron revestirlo de asco y vergüenza, y no hay belleza en la tierra mayor que el Crucifijo. En Él está el Amor llevado hasta el extremo, hasta la plenitud, hasta la entrega total.

Para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. ¿No es Cristo crucificado el sol que brilla con brillo de perdón sobre los malos y con fulgores de gloria para los buenos? ¿No es el agua manada de su costado la lluvia que santifica a los justos y limpia a los injustos?

Sigue contemplando. Que todo eso se cumplirá en ti.

(TC01S)

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