Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

7 febrero, 2026 – Espiritualidad digital

Lo fácil y lo difícil

Cada vez que alguien me dice que le resulta difícil rezar, me siento movido a escribirlo de nuevo: Rezar no es difícil. ¿Cómo va a ser difícil descansar delante del Señor, mirarlo y ser mirado por Él, escuchar su palabra y gozarse en cada sílaba? Rezar es fácil. Lo difícil es entregar la vida: bajar del Tabor cuando termina la oración y subir al Gólgota. Y sonreír a quien te importuna. Y perdonar a quien te ofende. Y cancelar tu descanso para atender a quien te necesita. Y escuchar pacientemente a quien nunca termina de hablar… ¡Eso es lo difícil!

No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Al Monte subió un hombre cargado con una cruz. Y tras Él subieron los mártires, y las vírgenes, y los santos… Allí se fundó una ciudad, la Ciudad de Dios. Tu patria. Porque vives allí ¿verdad? ¿O no?

Vosotros sois la luz del mundo. Y esa luz brilla porque la lámpara se quema generosamente. En la oración se carga de aceite. En la vida se consume. Lo primero es lo fácil. Lo segundo, lo difícil; pero vale la pena. Apréndelo, y no repitas que te cuesta rezar.

(TOA05)

El descanso perfecto y la pausa del café

El mejor descanso no es la pausa del café, cuando, a mitad de la jornada, te ausentas unos minutos para darte un respiro y seguir trabajando después. El mejor descanso es el del trabajo terminado y bien hecho. Dios, el gran trabajador, descansó el sábado, tras haber creado el cielo y la tierra y contemplar que todo era bueno.

Su Hijo también descansó en sábado en el silencio de lo profundo de la tierra, tras haber entregado su cuerpo en la Cruz.

Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco. Les salió mal. Porque, cuando llegaron al lugar pensado para el reposo, de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Y Jesús, al contemplar aquella multitud, se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. Era la pausa del café. Y no pudo ser. Quedaba mucho trabajo por hacer.

Ojalá sepas descansar. Lo necesitas tú, y lo necesitan quienes te rodean. Pero no te apegues demasiado a esos tiempos de reposo. Hasta que no hayas entregado la vida, queda trabajo por hacer. En el cielo tendremos el descanso perfecto.

(TOP04S)

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