El que intentan matar

Estamos, sin duda, en los prolegómenos de la Pasión. Durante la vida pública, muchos se refirieron a Jesús en Galilea como «el hijo de María» o «el hijo del carpintero». Pero, tras el discurso del pan de vida en la sinagoga de Cafarnaúm, el Señor se quedó prácticamente sin discípulos. Se hablaba mucho de Él, quedó convertido en objeto de discusiones y tertulias, pero muy pocos lo seguían. Y en Judea se referían a Él en estos términos:

¿No es este el que intentan matar?

Ahora Jesús es el que intentan matar. Y lo sigue siendo. Somos nosotros quienes, con cada pecado y cada infidelidad, lo intentamos matar. No podemos pecar mirándolo a los ojos, tenemos que sacarlo de nuestras vidas para ocupar su puesto y ser como dioses. Por triste que parezca, Jesús sigue siendo el que intentan matar.

Ni yo quiero seguir escribiendo esto, ni tú quieres seguir leyéndolo. A qué esperamos, convirtámonos, cambiemos de bando. En lugar de ser quienes intentamos matarlo, crucemos la línea que nos separa de Él, rompamos el sucio cordón de nuestra tibieza y pasemos a ser quienes intentamos confortar y acompañar a Jesús, quienes ya no queremos matarlo, sino morir con Él.

(TC04V)