El festín de la Cuaresma

Es bueno realizar ejercicios espirituales en Cuaresma. Si puedes hacerlo, te aconsejo que no desaproveches la ocasión. Cristo quiere quedarse a solas contigo para hablarte al corazón.

Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos. La Transfiguración fueron unos ejercicios espirituales. De repente, todo dejó de importar salvo Cristo. Aquellos tres olvidaron sus problemas y sus urgencias, cerraron las puertas del mundo y quedaron a solas con Él. El Espíritu, simbolizado en aquella nube, los cubrió y se llenaron de Dios. Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escu­chadlo. Sus corazones se abrieron y escucharon al Señor, lo acogieron en lo más profundo de sí mismos. Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! No querían marcharse.

Y, aunque no tengas posibilidad de dedicar al menos un fin de semana a hacer ejercicios, busca, todos los días, quince o veinte minutos para pasarlos a solas ante un sagrario. Sin esos tiempos de soledad con Cristo, la Cuaresma quedaría reducida a ayuno y limosna, es decir, muerte sin vida, dolor sin gozo. Porque la oración es el festín de la Cuaresma.

(TCA02)