Cosas

El significado de la palabra «cosas» es tan amplio, que se extiende a todo lo que no sean personas y animales. Llamamos «cosas» a los objetos inanimados, pero también, por ejemplo, a las tareas («tengo cosas que hacer»), a las preocupaciones («tengo muchas cosas en la cabeza»), a los actos («haces cosas que me disgustan»). Es una pena que la palabreja abarque tantas «cosas», porque, muchas veces, las «cosas» nos impiden ver a las personas.

Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente. Las multitudes seguían al Señor buscando «cosas». Y, en este caso, «cosas» significa milagros y favores. Se le echaban encima para tocarlo, dice san Marcos. Pero, al tocarlo, no querían abrazarlo, sino obtener «cosas». Jesús, para ellos, no era una persona a quien amar, sino, simplemente, el que hacía las «cosas». No le buscaban a Él, buscaban sus favores.

No hace falta que te diga que todos ellos murieron. Como moriremos tú y yo. Y, cuando nos llegue la hora, haber recibido favores y milagros del Señor no nos salvará. El vivir y morir abrazados en amor a Él, sí. Salvo que no hayamos tenido tiempo de amarlo, porque teníamos demasiadas «cosas» en que pensar.

(TOP02J)

“Evangelio