Un ataque de celos

Leyendo las palabras del Evangelio, cualquiera diría que el Señor ha tenido un ataque de celos:

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí.

No te extrañe. Cristo es muy celoso. No quiere compartir con nadie el corazón del hombre, lo quiere todo.

Pero nada tienen que ver los celos de Cristo con los del hombre. El hombre es celoso porque quiere controlar y poseer al ser amado; sus celos son egoístas. Dios, sin embargo, es celoso porque quiere liberar y amar al hombre.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. Cuando «encuentras» tu vida sin Él, la pierdes, y acabas preso en mil esclavitudes para después morir encadenado a las criaturas. Sin embargo, cuando vives para Dios tienes vida eterna.

Déjate poseer dulcemente por los celos de Cristo. No quieras amarlo «hasta cierto punto». Ámalo desesperadamente, apasionadamente. Ámalo cuando reces, cuando trabajes, cuando descanses, cuando comas o bebas, cuando llores, cuando rías… Sea Jesús el Amor de tu vida.

(TOA13)