Problemas de hermano mayor
Soy el hijo mayor de mis padres, y eso marca. Los primogénitos me entendéis bien. Niño, cuida de tus hermanos. Niño, tienes que dar ejemplo. Como tu hermanito es pequeño se lo permitimos, pero tú ya eres mayor. Etc. He generado un pútrido sentido de la responsabilidad que me hace vivir como si me persiguiera la señorita Rotenmeyer.
Es un espanto, porque en las parábolas del Evangelio en que aparecen hermanos mayores, todos son un desastre. Pensad en el hermano mayor del hijo pródigo, o en aquel hijo mayor que prometió a su padre ir a trabajar a la viña y no lo hizo.
Como así no hubiera podido entrar en el reino de los cielos, mi conversión ha sido la de Benjamin Button. Ante Dios, he decrecido, y soy ahora el más pequeño de sus hijos, un bebé que apenas gimotea, porque ya no sabe ni hablar.
En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. El niño pequeño no hace nada por sí mismo. Se deja hacer, se deja querer, se deja alimentar y sonríe. Mira qué mono, qué carita de alegría.
Es más fácil.
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