Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

agosto 2026 – Página 4 – Espiritualidad digital

Mejor que todos los consejos

Uno de los tipos humanos más insufribles es el del «aconsejón». Es esa persona que siempre tiene un consejo a mano para ti. Cuando veo a un aconsejón venir de lejos, me cambio de calle para no cruzarme con él.

Dejad­los, son ciegos, guías de ciegos.

Con los años, he ido procurando dedicar cada vez menos mis sermones a decirle a la gente lo que tiene que hacer. Para qué, si no me van a hacer caso. Procuro dedicarme, sobre todo, a hablar de Cristo. Si mis feligreses se enamoran, ya no necesitarán que nadie les diga lo que deben hacer. Un corazón enamorado de Cristo es el mejor gps hacia el cielo.

Con la dirección espiritual –¡tan necesaria!– me sucede lo mismo. Me preguntan algunos jóvenes hasta dónde pueden llegar en sus manifestaciones de cariño durante el noviazgo. Menuda trampa. Si se lo digo, avanzarán hasta la línea roja, y acabarán cayendo del otro lado. Prefiero decirles: «Rezad juntos el rosario, y tened cuidado con la sensualidad».

Aunque a algunos no les guste ser libres, nuestra misión no es dirigir sus pasos, sino mostrarles el Camino –que es Cristo– y animarlos a poner en juego su libertad para recorrerlo.

(TOP18MA)

La línea recta más larga del mundo

El recorrido más corto entre dos puntos es la línea recta. Pero no siempre. Si hay agua de por medio, la cosa se complica.

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven».

El recorrido de Simón en línea recta entre esos dos puntos, que son su barca y el Maestro, es una apuesta impresionante. Si este hombre es Dios, caminaré sobre las aguas. Si no es Dios, moriré ahogado.

Lo sorprendente es que, al inicio, no duda, sale de la barca convencido de que llegará hasta Jesús. Es el entusiasmo del converso, el ímpetu de los primeros pasos. Algunos creen que todo el camino lo recorrerán así, pero se engañan. Aún tienen que cruzar un desierto para llegar a la Tierra Prometida.

Aunque también desconcierta. Cuando Pedro lleva ya unos metros caminados sobre el agua, se supone que debería haber adquirido seguridad. Pero no es así, es entonces cuando duda y cae. Igual le sucedió en el desierto a Israel. Habían visto caer maná del cielo, y aún dudaban. Y a nosotros. Hemos visto milagros, y temblamos. Que nos recuerde el Señor lo que ya hemos visto, para que confiemos.

(TOP18LA)

¡Y no temblamos!

Me hubiera encantado estar presente cuando Jesús multiplicó los panes. Pero tengo la suerte de presenciar cada día un milagro mayor. Luego os cuento.

Lo que de verdad me hubiera encantado hubiera sido estar allí después del milagro. Mezclarme entre los apóstoles y escuchar los comentarios. «Pero ¿cómo lo ha hecho?». Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. «¿Y has visto todo lo que ha sobrado?». Recogieron doce cestos llenos de sobras.

Pero hay algo que os puedo asegurar: Aquellos cinco mil hombres, al día siguiente, volvieron a tener hambre. Y, más adelante, murieron todos.

Mirad ahora, con mirada de fe, lo que sucede en cada misa. No son cinco panes, sino uno, partido en la Cruz. Y llena todos los altares del mundo entero, son millones de hostias. Mirad cómo desciende el Espíritu Santo sobre cada patena, cómo recuesta sobre cada una al Pan de Vida. Mirad, disfrutad cómo se sacia el alma en la comunión fervorosa y recibe vida eterna el cristiano. Sobrecogeos al conocer cuánto nos ha amado Dios.

Lo sorprendente es que muchos, al terminar la misa de doce, se van al bar tan tranquilos, como si no les hubiera pasado nada.

(TOA18)

Y pareció que reinaban las tinieblas

tinieblasEl sábado es el día en que la luz se apaga. Dios descansó con la luz apagada.

Y pareció que reinaban las tinieblas.

Traje­ron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pero Jesús, el sábado, yace muerto en un sepulcro nuevo.

Y pareció que reinaban las tinieblas.

Caifás ha matado a Dios. Herodes ha matado a Juan. El príncipe de este mundo lo ha cubierto todo de muerte. La mentira, la violencia y la corrupción campan a sus anchas por el mundo.

Y pareció que reinaban las tinieblas.

No hay que huir de esas tinieblas. Qué misterioso descanso, qué noche tan enigmática. Cuando se cierran los ojos del cuerpo, se abren los del alma, la fe. Y la fe nos muestra que hoy es el día en que Cristo, enterrado en un sepulcro nuevo, conquista las tinieblas y clava su bandera en el reino de la muerte. Se lo ha arrebatado a Satanás.

Abraza esas tinieblas, escucha ese silencio, adéntrate en esas sombras y encontrarás al Amor.

Mañana será domingo. Y entonces lo entenderás todo.

(TOP17S)

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