Continuemos donde ayer lo dejamos. Mantengamos los ojos en la Cruz mientras escuchamos las palabras del Salvador.
Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. Si te quedaban ganas de «echarte a cumplir», espero que estas palabras te las quiten del todo. ¿Cómo vas a lanzarte a ser perfecto como Dios? Recuerda lo que te dije: Primero contempla.
Contempla a la perfección clavada en un madero. Despreciado, precisamente, como imperfecto y blasfemo, varón de dolores y desecho de la Humanidad, Él es la perfección y hermosura de Dios. ¡Qué paradoja! Quisieron revestirlo de asco y vergüenza, y no hay belleza en la tierra mayor que el Crucifijo. En Él está el Amor llevado hasta el extremo, hasta la plenitud, hasta la entrega total.
Para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. ¿No es Cristo crucificado el sol que brilla con brillo de perdón sobre los malos y con fulgores de gloria para los buenos? ¿No es el agua manada de su costado la lluvia que santifica a los justos y limpia a los injustos?
Sigue contemplando. Que todo eso se cumplirá en ti.
(TC01S)











