Un mapa de la Cuaresma en tres preguntas
El miércoles de ceniza se lo escuchamos a san Pablo: Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación (2Co 6, 2).
Lo es. Llegó la hora de purificarnos. Una cuaresma bien vivida es un nuevo nacimiento. Y lo necesitamos.
Situémonos en la casilla de salida: Soy un pecador. Y Cristo ha salido al desierto para ser tentado por el diablo. Para sufrir las mismas tentaciones en que yo he caído y para que yo, unido a Él, las venza.
Di que estas piedras se conviertan en panes. Es la tentación de la voluptuosidad: gula, lujuria, pereza, consumismo… Ayunaré con Cristo. ¿De qué me voy a privar esta cuaresma?
Tírate abajo, porque está escrito: «Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos». Es la tentación del éxito, la redención sin sacrificio, la vanidad. Caeré por tierra, seré siervo del prójimo. ¿Cómo haré para darme en limosna a los demás?
Todo esto te daré, si te postras y me adoras. Es la tentación de la egolatría, de convertirme en el centro del mundo: soberbia, egoísmo, codicia… Oraré con Cristo para adorar al único Dios. ¿Qué haré esta cuaresma para rezar más?
(TCA01)











