Evangelio 2022

Lunes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario (Ciclo par) – Espiritualidad digital

Almohadas

No viajo mucho; la labor en la parroquia no me lo permite. Quizá por eso, cuando salgo de ejercicios, o de peregrinación con mis feligreses, suelo dormir mal. Echo de menos mi almohada. Alguien me sugirió que podría llevar la almohada conmigo, pero me parece «demasié». Prefiero dormir mal.

Las zorras tienen madriguera y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. Durante su vida pública, Jesús no tuvo lo que yo tengo: su almohada. Dormía donde le dejaban y, si no le dejaban, dormía en el suelo. Como para que yo saque la viscoelástica de viaje. ¡Venga ya!

Antes de la vida pública, Jesús sí tuvo dónde reclinar la cabeza: en el hombro de la Virgen, que es la mejor almohada. Tras la muerte de san José, quizá fue la única criatura en quien Cristo pudo descansar. Pero, tras recibir el bautismo de Juan, Jesús tendrá que esperar tres años para tener almohada propia, y esa almohada será la Cruz, donde inclinará la cabeza mientras entrega el Espíritu.

No nos quejemos. Nosotros tenemos dos almohadas: la Virgen, y el propio Jesús, en quien Juan reclinó la cabeza. Ambos velan nuestro sueño mientras dormimos.

(TOP13L)

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