Si quieres convencer a Dios…

Me he acordado del bueno de Abrahán, y del modo en que intentó camelarse a Dios antes de que destruyera Sodoma y Gomorra, regateando con Él como si estuviera en un mercado persa: «Si encontraras allí cuarenta justos… si hubiera treinta… veinte… diez…» (Cf. Gén 18, 22-32). No consiguió nada, salvo hacerme sonreír cuando lo leo.

Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. ¿Has intentado alguna vez convencer a Dios de algo con un discurso? ¿Y has conseguido algo? Supongo que hacerle sonreír a Él.

Léelo de nuevo: No uséis muchas palabras. Basta con una: deja orar a la Palabra. A Cristo.

Padre nuestro que estás en el cielo… En el Padrenuestro es la propia Palabra quien ora a su Padre. Deja que esa Palabra sea sembrada en ti, escúchala con atención. Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo (Is 55, 11).

No reces tú el Padrenuestro, no se lo robes a Cristo. Deja que sea Él quien lo rece en ti. Es el único que puede convencer a Dios.

(TC01M)