Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Espiritualidad digital – Página 6 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Una beata

Dije: «Me ha salido una beata», y me miraron entre estupendos y ojipláticos. No sabían que una beata es una herida que sale en la rodilla, normalmente a causa de haber estado arrodillado en mala postura. Para ellos, una beata es una señora que se pasa el día en el templo.

Como Ana: No se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Ana era viuda, y seguramente Dios la había llamado a vivir así. Gracias a su «beatitud», vio al Mesías.

Pero si una esposa, o una madre de familia, pasara el día en la iglesia, yo no la llamaría «beata», que es casi santa, sino que le diría (y le digo) que está huyendo de la santidad. Porque la santidad se forja en el hogar y en la calle. En el templo se reponen fuerzas, en el hogar y en la calle se entrega la vida. La santidad es entrega de la vida.

¿Quieres imitar a Ana? No salgas del templo. Pero recuerda que el templo es tu alma. Vive con recogimiento, mantén la presencia de Dios. Y, con la paz del niño en brazos de su Padre, déjate comer por los demás.

(3012)

“Misterios de Navidad

La alegría indestructible

Hay alegrías escurridizas, tan frágiles como una pompa de jabón que se desvanece apenas la tocas. Te encuentras bien, has dormido bien, el sol brilla en el cielo y estás a bien con todo el mundo. Hasta que caen unas gotas de lluvia, te empieza a doler la rodilla y un ser querido se enfada contigo. Se acabó.

Y hay una alegría, la verdadera, que, cuando llega, llega para quedarse. Resiste al tiempo y a las enfermedades, a la soledad, a los ultrajes y a la misma muerte, porque es una alegría de cielo, y en el cielo no fabrican nada que obligue a llevar en la caja la etiqueta de «frágil».

Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción. Gozan, mirando al Niño, la Virgen y Simeón. Ambos se saben bendecidos y amados por Dios. Pero también saben que ese niño traerá dolor a su madre y a quienes lo amen, que será signo de contradicción, que a nadie dejará indiferente y que el corazón de la Virgen será traspasado por la espada.

Ellos sonríen. Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rom 8, 31).

(2912)

“Misterios de Navidad

El cielo estuvo en Egipto

Sé que la fiesta de la Sagrada Familia es la ocasión perfecta para la reivindicación, para la protesta, para la denuncia de todos los desmanes con que nuestra sociedad occidental está atacando a la familia y tratando de destruirla. Todo eso lo sé, y en ocasiones yo mismo he aprovechado la ocasión para poner el grito, no en el cielo, sino en la tierra. Pero, qué queréis que os diga, este año no me apetece nada. Más me apetece disfrutar de lo bueno que lanzar piedras a lo malo.

Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Vivimos en Egipto, en la sociedad del pecado y la esclavitud. Pero, durante años, el cielo estuvo en Egipto, porque allí plantó Dios su tienda, en la que vivieron Jesús, María y José. Dichoso quien habita en esa tienda. Aun en medio de las peores dificultades, quien allí vive vive en el cielo, rodeado de amor humano y divino.

Egipto necesita santos. Necesita personas felices mucho más que apologetas indignados. Necesita calor de cielo, sonrisas de ángeles. Creedme: lo mejor que podemos los cristianos hacer por la familia es plantar en Egipto la tienda de Jesús, María y José.

(SDAFAMA)

“Misterios de Navidad

Ver, creer, besar

Me encanta cómo besan los niños la imagen del Niño Dios al terminar la misa. Es verdad que me lo dejan perdidito de babas, pero cuánta naturalidad hay en esos besos infantiles. Papá o mamá, que los traen en brazos, dejan en los pies de Jesús un beso contenido. Y luego dicen al pequeño: «Dale un beso al Niño Jesús». Y el niño se lanza sin miedo a besar como besa a sus padres. ¡Qué sería de los niños sin las imágenes! Un pequeñín no puede entender a un Dios invisible, pero disfruta contemplando el Belén.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Eso mismo hace el niño: ve y cree. Ve con sus ojitos la imagen de Jesús y besa como quien realiza el más conmovedor acto de fe.

Hasta que el Hijo de Dios vino a la tierra, hacer imágenes del Altísimo era un pecado. Pero la vida eterna que estaba junto al Padre se nos manifestó (1Jn 1, 2). El Hijo se dio la vuelta, nos miró y se dejó ver. Por eso la Navidad es de los niños, por eso en Navidad se reza con los ojos.

(2712)

“Misterios de Navidad

Hoy nos han tendido una escalera

Hoy en Belén nos ha tendido Dios una escalera. Y en su peldaño más bajo, tan bajo que debemos agacharnos para alcanzarlo, hay un pesebre sobre el que está un niño recostado.

El que persevere hasta el final, se salvará. Perseverar hasta el final comienza hoy. Se trata de abrazar a ese niño y no soltarlo hasta que hayamos ascendido a la cima por esa escalera.

Peldaño a peldaño, subiremos un monte, el Calvario, y entonces nos abrazaremos fuerte fuerte, para atravesar, pegados a Él, dificultades, persecuciones, y la misma muerte. No temeremos, Jesús viene con nosotros. Y del mismo modo que Él dirá: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 22, 46), diremos nosotros, con Esteban: Señor Jesús, recibe mi espíritu (Hch 7, 59). Nosotros se lo damos a Él, y Él se lo entrega al Padre. Son los últimos peldaños. Cuando, unidos a Jesús, entreguemos la vida, llegaremos al cielo, a la cumbre.

Y todo, ya lo ves, empieza hoy. Podrías ir entrenando y, antes de decirle en la Cruz «recibe mi espíritu», decirle, en el pesebre, lo que aprendiste de pequeño: «Por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Tómalo, tuyo es, mío no».

(2612)

“Misterios de Navidad

Carantoñas

¿Qué hace un padre con su hijito de tres años? Se agacha y juega con él. Le hace cosquillas y carantoñas. Ríe el niño, ríe el padre. Y, después, lo abraza, lo levanta en alto, y lo besa.

Hoy quiere Dios jugar contigo. Eres tan serio que no lo entiendes. Si supieras lo pequeño que eres lo entenderías. Y sabrías que sólo jugar con Dios puede salvarte.

Mira al Niño Jesús. Y date cuenta de que es Dios agachado. Agachado para jugar contigo. Acércate a Él, sin miedo. Deja que te toque, que te haga cosquillas y carantoñas. Los mayores somos ridículos cuando hacemos carantoñas a los niños. En Dios eso es sobrecogedor. No te sientas ridículo tú; tú eres el bebé. Él es Dios agachado.

Deja que te abrace, que su abrazo te abarque por completo. Pon tu vida en sus manos, suéltalo todo y dáselo. Dile, con Teresa: «Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?»

Y ahora déjate levantar. Y tú, que eres hombre, serás elevado a la altura de Dios. Porque Él, siendo Dios, se ha abajado a la altura del hombre.

Cuando te haya alzado, te besará. Y estarás eternamente junto a Él.

(2512)

“Misterios de Navidad

¡Mirad!

Dice el salmo: Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa (Sal 129, 7).

A Zacarías le cerró el ángel los labios porque no decía más que tonterías. La pena es que sólo le sucedió a él. Muchos otros hay a quienes les vendría bien el correctivo. Porque, en aquel silencio, Zacarías aprendió a tener vida interior. Y cuando, al fin, sus labios se abrieron, brotaron de ellos palabras de vida. En aquellos nueve meses fue gestado Juan en el vientre de Isabel y la sensatez en el alma de su esposo.

Juan es el centinela de la aurora, el que toca la corneta para despertar al pueblo y anunciarle la salida del sol. Y Zacarías es su profeta, el que presta sus labios a un hijo que aún no puede hablar.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Mirad allí, grita el centinela mientras señala al Oriente. Mirad la luz que despunta.

Mira el Belén, mira a la Virgen, mira a José. Esta noche saldrá el Sol.

(2412)

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