Milagros bien aprovechados
Hay milagros desaprovechados. Y la culpa no es de Dios. Porque el milagro, que es una alteración de las leyes naturales, siempre persigue una conversión del corazón. Y, mientras las leyes naturales obedecen a Dios, el corazón de un hombre libre es tan soberano que hasta al propio Dios puede desobedecer. Yo vi casi resucitar de la muerte a un joven que tenía cuatro hermanos, y ni el joven ni sus hermanos se convirtieron. Vi a un ateo venir a misa todos los días para pedir un favor a Dios y, cuando Dios le concedió lo que pedía, aquel hombre dejó de venir a la iglesia. Milagros desaprovechados.
Hay milagros muy bien aprovechados. Aquel centurión se acercó a Jesús para pedir la curación de su hijo. Y Jesús exclamó: Si no veis signos y prodigios, no creéis. Algunos no creerán aunque los vean. Pero aquel hombre, cuando supo que su hijo había sido curado a la misma hora en que el Señor le dijo: Anda, tu hijo vive, se conmovió en su interior y creyó él con toda su familia.
Tú recuerda, cuando Dios te conceda lo que pidas, que quiere darte algo mayor. Abre tu corazón a esa gracia.
(TC04L)











