Jonás y Cristo

En más de una ocasión se comparó Jesús con Jonás. Es curioso, porque el pobre Jonás era un mequetrefe, un cobardica que huyó de Dios, llegó a rastras a Nínive, predicó sin ninguna gana y finalmente, cuando gracias a su predicación, Nínive se convirtió, agarró un enfado mayúsculo. Sin embargo, Dios quería mucho a ese mequetrefe. Realmente consolador.

Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.

Y es que Jonás anunció un castigo. Asustó a los ninivitas y provocó que, por miedo a ser destruidos, se convirtieran. Eso se llama atrición: conversión por miedo al castigo. Y no es poco. El miedo guarda la viña. Pero no es lo mejor.

Jesús, en cambio, habló a los hombres acerca de su Padre y los invitó a convertirse a Él. El mensaje central de Jesús, a pesar de las palabras que hoy pronuncia, no es: «Conviértete, porque te condenarás». Su mensaje central es: «Venid a mí». Y eso no lo dijo Jonás.

Convirtámonos a Él. Quedémonos con Él a solas en el desierto. ¿Estás rezando?

(TC01X)