El whisky no calma la sed
Una fuente que mana agua limpia día y noche es un regalo del cielo. Pero no es garantía de que nadie morirá de sed. Es preciso que los hombres se acerquen a ella y beban. Me he acordado de la película de John Ford «Los tres padrinos». Un vaquero idiota decide cruzar el desierto con la cantimplora llena de whisky. Tarde se dio cuenta de que el whisky no calma la sed.
Dios hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Pero no muestra su intimidad a cualquiera. Eso lo reserva sólo para sus elegidos. Tampoco el sol broncea a cualquiera, sino a quien pasa tiempo expuesto a él. Ni la lluvia hace fértiles todos los campos, sino los de aquéllos que sembraron.
Despertad. No os adormiléis pensando que la bondad infinita de Dios es garantía de salvación eterna. El que Dios sea bueno no supone necesariamente que nosotros seamos santos. Para ello debemos acercarnos a Él, dedicar tiempo a la oración, beber en la fuente de los sacramentos, y dejarnos amar por Él, hasta que se cumplan en nosotros las palabras del Señor: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
(TOI11M)











