Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo par) – Página 7 – Espiritualidad digital

Buenos tiempos

Nos quejamos mucho de los tiempos que nos ha tocado vivir. Conforme nos hacemos mayores, nos echamos las manos a la cabeza y pensamos: «¡Esto se hunde!». Cualquiera tiempo pasado fue mejor. Supongo que a todas las generaciones les ha sucedido.

Pero cometemos una grave injusticia. Los tiempos que vivimos nos permiten comunicarnos, desplazarnos, refrescarnos o calentarnos como nunca hasta ahora. Aunque no es eso lo mejor.

Lo mejor es que hemos nacido en los tiempos de la Redención. Supongo que, de haber nacido hace más de dos mil años, hubiera podido vivir sin Internet, sin aire acondicionado ni calefacción, sin presidente del gobierno y sin fútbol. Pero sin Cristo la vida se me haría muerte. Me imagino en la aldea gala de Astérix sin ir a Misa, y me abro las venas ante Panorámix.

Nunca se ha visto en Israel cosa igual. Esto dicen quienes vieron cómo Jesús expulsaba un demonio. Y tenían razón, porque, desde Adán, nunca el demonio había sido vencido. Él era el príncipe de este mundo. Pero ahora veían cómo estaba siendo derrotado.

¡Cómo no voy a dar gracias por haber nacido en los tiempos del reinado de Cristo! ¡Viva el siglo que me parió!

(TOP14M)

El verdadero milagro

Un hombre destrozado por el dolor se acerca a Jesús: Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá. Una mujer asediada por la enfermedad se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Las gentes se acercaban al Señor buscando vida. Y se llenaban de alegría cuando Jesús curaba sus dolencias y resucitaba a sus muertos.

Pero aquellos hombres aún desconocían la vida verdadera. Porque tanto la hija de Jairo como aquella hemorroísa murieron. Murieron más tarde de lo esperado, pero murieron. El milagro no suponía sino un aplazamiento del desenlace.

El auténtico milagro, al que esos signos anunciaban, sucede cuando, a través del agua bautismal, el neófito recibe vida eterna; cuando, a través de las manos del sacerdote, llega el perdón al pecador y el alma muerta resucita; cuando, a través de la apariencia de pan, llega al cristiano el cuerpo de Cristo.

Todo eso vendría después. Cuando quien dio vida a los muertos y salud a los enfermos muriese en una cruz y alumbrase ese manantial de Vida inagotable.

¡Con cuánta alegría deberíamos recibir esos sacramentos de vida eterna!

(TOP14L)

Cuando os arrebataron al Esposo

Sé que me he referido a ello más veces. Pero la experiencia ha dejado una huella imborrable en mí. No puedo olvidarlo. Y cada vez que leo estas palabras del Evangelio, vuelvo de nuevo a 2020, a aquellos días del maldito confinamiento causado por el Covid19:

¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.

Mi sacerdocio me convirtió en un auténtico privilegiado. Pude celebrar misa todos los días. Pero fueron muchísimos quienes sufrieron lo indecible por no poder comulgar, dado que las iglesias estaban cerradas. Les arrebataron al Esposo, aquello fue un error terrible que espero no se repita jamás. Y aquellas personas padecieron el peor de los ayunos: el de la Eucaristía.

Claro que a muchos aquello les daba igual. Hacían pasteles, jugaban a videojuegos, salían a la ventana para aplaudir a las ocho de la tarde, y ni se les pasaba por la cabeza que no habían comulgado. Tampoco comulgaban en tiempos de normalidad.

Sólo quien comulga todos los días sabe lo que es un día sin comulgar. Pero también sólo él conoce la inefable dulzura del Pan de Vida.

(TOP13S)

Para animarte

Tú estás hecho migas, llorando tus penas en un banco del parque, porque te ha dejado la novia, se te ha roto la lavadora y te has manchado la camisa nueva con el café del desayuno. Y se te acerca un amigo, te da una palmadita en la espalda y te dice: «¡Ánimo!». Entonces levantas la cabeza y lo miras con la cara con que debió mirar Otelo a Desdémona antes de asfixiarla.

¿En serio sirve para algo, cuando estás hecho polvo, que alguien te diga: «¡Ánimo!»?

Para nada.

Salvo que te lo diga el Señor. El mismo Señor que llamó a la luz y la luz se hizo.

¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados.

Y, a la vez que te dice «¡Ánimo!» y te anima, te dice «tus pecados están perdonados» y limpia tu alma de toda culpa.

Tu novia no va a volver; menos aún después de eso que le hiciste. La lavadora tendrás que cambiarla por una nueva, cosas de la obsolescencia programada. Y lo de la camisa se arreglará cuando tengas la lavadora nueva.

Pero ve al sacerdote, confiesa tus pecados, pasa un rato delante del sagrario y verás cómo afrontas todo con buen ánimo.

(TOP13J)

Políticamente incorrecto

He aquí un pasaje evangélico que podría irritar a toda la progresía contemporánea.

A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Para empezar, esto es antivegano. Aquellos gadarenos deberían dedicarse a cultivar nabos, no a curar jamones. ¡Qué vergüenza!

Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y murieron en las aguas. Esto es antiecológico. ¿Cómo se le ocurre al Señor permitir que los cerdos contaminen las aguas del Mar de Galilea? Y, peor aún: imaginad a los pobres peces comiendo chorizo. ¡Qué espanto!

Pero, por si fuera poco, es antianimalista. Menuda forma de tratar a los animalitos. Va contra la ley de protección animal.

En resumen, el pasaje es antitodo menos antialma. Porque lo que entendemos gracias a este milagro es que vale la pena perderlo todo por salvar un alma. Que si hay que quedarse sin cerdos, sin jamones o sin ingresos por salvar un alma, bien perdido está todo. Antes morir que pecar.

Le rogaron que se marchara de su país. Seguro que quienes, disgustados por la pérdida de la charcutería, pedían a Jesús que se marchase, también le hubieran agradecido que expulsara los demonios. Pero conservando los jamones. No habían entendido nada.

(TOP13M)

Jesús habla cuando duerme

Aún no podían entenderlo. Lo entendieron, lo entendimos después. Aunque muchos siguen sin enterarse.

Se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.

Se alborotaron. La muerte ruge y la vida duerme. ¿Quién podrá salvarse? Vamos a morir todos. Lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!».

Fue porque no entendían. No entendían que Jesús habla cuando duerme, grita cuando calla. Vale más mirar y atender a Jesús dormido que alterarse por las tormentas. Sé que es fácil decirlo y difícil mantener la calma. Hace falta mucha vida espiritual. También es un don. He estado debajo de las bombas y he experimentado una paz muy serena en el alma mientras las manos temblaban. Jesús dormía. Pero hablaba en silencio. ¡Qué palabra tan poderosa!

¿Qué dice ese Jesús dormido? Dice: «Tranquilos. Tenéis miedo de la muerte. Y del sufrimiento. Pero, si estáis a mi lado, la muerte os lleva al cielo y el sufrimiento a mi Cruz. No temáis».

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Míralo en pie sobre la Cruz, calmando la verdadera tormenta: la del infierno. Y sin despertar.

Ten miedo sólo del pecado.

(TOP13M)

Más grande que todos los milagros

Hoy nos narra el Evangelio dos curaciones milagrosas. Nada tiene de extraño, si tenemos en cuenta que Jesús es Dios hecho hombre. Yo he visto unas cuantas curaciones milagrosas; casi he visto resucitar a un muerto, pero me llevaría tiempo contártelo. En todo caso, todas las curaciones milagrosas que he visto han sido obra del sacramento de la santa unción. Mucha gente desconoce el poder de ese sacramento a la hora de sanar enfermedades corporales.

Pero, con todo, las curaciones milagrosas no son lo habitual. Cristo no curó a todos los enfermos, ni a la mayoría. Lo normal, si pides que un enfermo terminal se cure, es que muera y, si está confesado, vaya al cielo, donde se está mucho mejor que aquí. Pídele a Dios, sobre todo, que los enfermos se confiesen y reciban la unción.

Pero hay algo más grande que todas las curaciones milagrosas juntas:

Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.

Eso es lo más grande: que, cuando llega la enfermedad, encuentras en ella a Cristo esperándote, con sus manos llagadas y amorosas tendidas hacia ti. Y la enfermedad se convierte en Amor, y la muerte en Vida.

Eso es mejor que ningún milagro.

(TOP12S)

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