Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Página 16 – Espiritualidad digital

El sábado es de la Virgen

En el sábado se dan la mano la soledad y la esperanza. O, mejor, la esperanza toma de la mano a la soledad y la invita a mirar al cielo. Es el día de la Virgen.

Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán.

Hoy el esposo ha sido arrebatado, y yace bajo tierra. Pero la madre se quedó, para que la soledad no quedara sin consuelo. En los momentos de mayor oscuridad en mi vida, siempre he encontrado en ella esa gota de dulzura que me ha ayudado a transitar por el valle de la muerte.

No dejes ningún día de rezar el rosario. Es la bendita cadena que te une a la Virgen, la garantía de que tu mano y la suya caminan unidas en la travesía del sábado, ese sábado en que parece que Dios ha muerto y vencen el mal y la muerte.

Recorriendo con ella este mundo de sombras, se llena de esperanza el corazón. Y entiendes que el silencio que todo lo llena no es sino el preludio de una sinfonía de primavera. Y las espesas tinieblas, con sus fantasmas, no son sino anuncio de un amanecer glorioso. Mañana será domingo.

(TOI13S)

La salvación sin ejército

El «Ejército de salvación» era una figura muy recurrente en las películas clásicas americanas, sobre todo en las ambientadas en los años 20 y 30 del pasado siglo. Desfilaban por las calles con sus tambores y trompetas, y se metían en los bares y los antros invitando a los borrachos a dejar la botella y cambiarla por la Biblia. Aún recuerdo la maravillosa «Guys and Dolls». A los borrachos, que estaban borrachos, no les hacía mucha gracia que aquellas señoritas les amargaran la cogorza con sermones. Casi lo comprendo. Eran unas petardas.

¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Me atrevo a dudar que Jesús hubiese formado parte de aquellas tropas victorianas. Jesús se acercó a los pecadores, pero no para condenarlos, sino para comer y beber con ellos. No les anunciaba, con su presencia, que acabarían en el infierno, sino que Dios los amaba, incluso mientras estaban borrachos, robaban en el telonio –como Mateo– o se prostituían.

Porque lo de que iban a ir al infierno ellos ya lo sabían. Llevaban el infierno dentro. Pero el que Dios los amase así, tal como estaban, era la gran noticia que los enamoró y los movió a conversión.

(TOI13V)

Tu verdadero enemigo

¿Eran dos, o era uno? No lo sabemos, san Mateo ve doble algunas veces. San Marcos y san Lucas hablan de un endemoniado en Gerasa. San Mateo cuenta dos. En los otros evangelios, Jesús pregunta a los demonios por su nombre. En san Mateo, apenas hay diálogo. Jesús sólo pronuncia un monosílabo: Id.

Da igual. Lo que importa es que es la mera presencia de Jesús la que hace huir a los demonios. Igual que ayer su mera presencia, aun dormido, gobernaba los vientos y las olas, hoy basta una palabra suya para liberar a los endemoniados. Y tanto ayer como hoy aprendemos que nada debe temer quien tiene consigo a Cristo.

Explicaba yo a unos niños cómo la vela del bautismo representa la luz del alma en gracia. Y les advertía que esa llama puede apagarse. Un niño levantó la mano y dijo: «Es verdad. Porque viene el demonio y sopla».

Respuesta incorrecta. Ni todos los demonios del infierno soplando juntos pueden robarte la gracia de Dios. Por eso, nada tienes que temer.

El único que puede apagar la vela de tu bautismo eres tú. Con el soplo del pecado. He ahí tu verdadero enemigo. Guárdate de ti mismo.

(TOI13X)

Según el horario previsto

¡Cuántas veces tendrá Jesús que decirnos lo mismo!

¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?

Pero, por más que nos lo diga, no acabamos de aprender. Como les sucedió a los apóstoles durante aquella tormenta, a menudo sentimos que las aguas nos tragan, que hemos perdido el control de la pequeña barca que es nuestra vida, que las olas nos sacuden hasta el vértigo y nos puede la angustia. Entonces clamamos al Señor desesperados y Él, sereno, nos vuelve a decir:

¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?

Una vez más, habíamos olvidado que no nos corresponde llevar el control, que la barquichuela la dirige Él, incluso cuando está dormido. ¿Cómo haces, Jesús, para guiar la barca mientras duermes? Dímelo, para que no vuelva a tener miedo.

«En mi vigilia gobierno desde la tierra. En mi sueño gobierno desde el cielo. Porque, cuando duermo, sueño con mi Padre. Y tú soñarías conmigo si también supieras dormir. Ten calma».

Dice san Pablo que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien (Rom 8, 28). Deberíamos grabarlo en piedra y mirarlo quince veces por minuto: Todo marcha según el horario previsto. El horario previsto por Dios.

(TOI13M)

Sólo para insensatos

Tenemos miedo. Más que el que han tenido las generaciones anteriores a nosotros. Quizá el precio de poseer más riquezas sea el de tener más miedo a perderlas. Muchos, si salen de casa sin el teléfono móvil, se sienten desprotegidos y vuelven sobre sus pasos para recuperarlo. Tenemos mucho miedo.

No sólo nosotros. Cristo topó también con la falsa sensatez que camufla de prudencia los miedos del mundo.

«Maestro, te seguiré adonde vayas». «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». «Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos».

Hijo, termina la carrera y después irás al seminario. Hija, sal antes con chicos y, si no encuentras novio, ya irás al convento. Si das tanta limosna pasaremos necesidad…

Todo se vuelve lastre a la hora de seguir a Cristo. Pero el verdadero lastre es esa falsa prudencia, la sensatez del mundo. Para seguir a Jesús es preciso pasar por insensato ante el mundo, haber perdido la cabeza y haberse enamorado loca y apasionadamente.

Sólo cuando los jóvenes estén dispuestos a hacer locuras por Cristo repuntarán las vocaciones.

(TOI13L)

Elogio de la obediencia

La obediencia, en nuestros días, está en crisis. Cualquier llamamiento a la obediencia es tenido por abuso de autoridad. Por eso también la propia autoridad está en crisis. Los directores espirituales estamos bajo sospecha. Nuestra civilización ha matado al padre, y campa a sus anchas como si se hubiera liberado de un yugo, mientras lleva a cuestas el peor y más letal de los yugos: el de la estupidez. Eso sí, con tarifa plana de datos.

No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Y nuestro buen burgués (también el que va a misa) responde: «¿Por qué ese empeño en que obedezcamos? Eso es abuso. ¿No puede uno salvarse diciendo «Señor, Señor», y haciendo lo que le dé la gana, como todo el mundo?»

Para empezar, te conviene obedecer porque Dios, que es tu Padre, quiere tu bien y, sirviéndose de sus ministros, te indica el camino del cielo. Pero también te conviene porque la salvación del hombre es amar a Cristo, y el amor conlleva entregar la vida. La obediencia es la entrega amorosa de la propia voluntad.

(TOI12J)

Primeras impresiones e intuiciones geniales

Las primeras impresiones y las intuiciones «geniales» pueden ser peligrosas. En este mundo casi nada es lo que parece. Me dan miedo quienes se fían del «amor a primera vista». Porque cuando llega la vista número veinticuatro, y finalmente se dan cuenta de que ese lunarcito tan mono que el cielito lindo tiene junto a la boca era una verruga, ya las cosas tienen poco remedio.

Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. Y así, el que parecía el corderito de Norit (los más jóvenes, que lo busquen en Google), resulta ser el lobo feroz. ¿Cómo te diste cuenta? Por sus frutos. Ni lana ni queso. Sólo dentelladas.

Lo contrario del falso profeta es el Crucifijo. Es el Cordero cubierto de ignominia, de bofetadas, de salivazos y de maldición. Cuando te aproximas es, en palabras de Isaías, como uno ante quien se vuelve el rostro. No quisieras ni mirarlo. Pero, si sostienes la mirada, y te acercas a la distancia del buen Dimas, te enamoras. ¡Qué hermosura! Y entonces gustas sus frutos: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Es Dios.

(TOI12X)

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